¡¡Cómo
nos ama Dios…!!
"Hija
mía, mira con cuánto amor amo a la criatura, ella, antes de salir a la luz del
día de este mundo ya estaba en mi seno, y al hacerla salir fuera no la dejé, un
rayo de luz que contiene mi Vida, la sigue para suministrarle todo lo que es
necesario para desarrollar esta Vida y, ¡con cuánto cuidado la hago crecer!
¡Con cuánto amor la riego! Yo mismo me hago luz, calor, alimento, defensa; y
cuando termina sus días en el tiempo, sobre el camino del mismo rayo la retiro
en mi seno para hacerla espaciarse en la patria celestial.
Mi Amor se hace para la criatura más que el
sol que formé en el cielo azul, es más, el sol que creé para beneficio de la
naturaleza humana no es otra cosa que la sombra de mi verdadero Sol, porque el
sol de la atmósfera no forma las plantas, ni les da el agua para que no se
sequen, ni da todas las ayudas que son necesarias para que las plantas crezcan
bellas y fuertes y los hombres, aun los ciegos, puedan gozar de su luz; hace sólo
su oficio de iluminar y calentar y sigue adelante; y si las plantas no son
regadas no tiene nada que hacer para comunicarles sus efectos, al contrario,
las seca de más. En cambio Yo que soy el verdadero Sol de las almas, no las
dejo ni de noche ni de día, Yo mismo formo las almas, les doy el agua de mi
Gracia para no dejarlas secar, las nutro con la luz de mis verdades, las
fortifico con mis ejemplos, les doy el viento de mis caricias para
purificarlas, el rocío de mis carismas para embellecerlas, las flechas de mi
Amor para calentarlas, en suma, no hay cosa que no haga por ellas. Yo soy todo para ellas y pongo a disposición
de cada una toda mi Vida para su bien.
Pero
cuánta ingratitud de parte de las criaturas, parece que están unidas como
sarmientos a mi vid, no por amor sino por fuerza, porque no pueden prescindir
de Mí y por eso crecen como sarmientos que no recibiendo todos los humores
buenos que contiene la vid, crecen débiles, sin formar jamás uvas maduras, sino
acerbas, que amargan mi gusto divino. ¡Ah! si todos supieran cómo amo sus
almas, todos quedarían arrebatados por el atractivo y la fuerza de mi Amor y me
amarían de más, por eso ámame tú y tu amor se agrande tanto que puedas amarme
por todos."
Escritos de Luisa Piccarreta, Volumen XVII, 17 octubre 1924