miércoles, 5 de octubre de 2011

Para reflexionar (de San Agustín)

"Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros".

"No entones las alabanzas divinas solo con la voz, acompaña también la voz con las obras. Si cantas solo con la voz, por fuerza tendrás al fin que callar; canta con la vida para no callar jamás."

"Hermanos y hermanas, tened firmemente fe en lo que creéis: que Cristo volverá. ¿Que importa cuando? Preparaos para su venida. Vivid como si viniera hoy y no tendréis miedo de su venida"

martes, 1 de marzo de 2011

Naturaleza, Dios y el hombre (de los escritos de la sierva de Dios, Luisa Piccarreta)


Todo lo creado habla del amor que Dios nos entrega y todo lo creado enseña la manera como debemos amarlo, comenzando por el ser mas grande hasta la más pequeña florecilla del campo….
Mira- dice al hombre la florecilla – con mi suave fragancia y con estarme siempre de cara al cielo, trato de enviar un homenaje al Creador; también tú, haz que todas tus acciones sean fragantes, santas, puras; no hagas que con el mal olor de tus acciones se ofenda al Creador. ¡Ay, oh, hombre – nos repite la florecilla - , no seas tan insensato que tengas la mirada fija en la tierra sino levántala al Cielo! Mira, allá arriba está tu destino, tu patria, allá está mi Creador y el Tuyo que te espera.
El agua que continuamente fluye bajo nuestra mirada nos dice también: “ Mira, he salido de las tinieblas y debo fluir y correr tanto hasta que llegue a sepultarme en el sitio de donde salí. También tú, ¡oh, hombre!, corre, pero corre en el seno de Dios de donde saliste. ¡Ah, te ruego, no recorras caminos torcidos, sendas que llevan al precipicio!, de lo contrario ¡ay de ti…!

También las bestias más selváticas nos repiten: ¡Mira, oh hombre!, ¿cómo debes ser selvático para todo lo que no es Dios? Cuando vemos que alguien se aproxima a nosotros, con nuestros rugidos causamos tanto miedo que nadie se atreve a acercarse más y turbar nuestra soledad. También tú, cuando el hedor de las cosas terrenas, o sea tus pasiones violentas están por ensuciarte y hacerte caer en el precipicio de las culpas, con los rugidos de tu oración y apartándote de las ocasiones en que te encuentras quedarás salvo de todo peligro…

Así, de todos los otros seres y decirlo de cada uno sería demasiado largo. Resuena su voz unánime que nos repite: ¡Mira, oh hombre!, por amor tuyo nos ha creado nuestro Creador y todos estamos a tu servicio y tú, ¡no seas tan ingrato…! ¡Ama!, te suplicamos, ¡ama!, te repetimos, ¡ama a nuestro Creador!