lunes, 10 de diciembre de 2012



 ¿¿ORDENACIÓN DE MUJERES???



Creo que el papel de la mujer en la sociedad ha cambiado desfavorablemente... Somos distintos, hechos distintos, pensamos distinto, nos desempeñamos distinto, pero actualmente quieren ponernos a todos en una misma línea, escudándose en los derechos iguales que ambos, mujer y hombre deberíamos tener, que la diferencia física no tiene que ver con el "género" que se quiera escoger. Con estos "avances", se ha llevado al mundo a un caos. Hijos en soledad, competencia entre hombre y mujer, sentido perdido de la maternidad, prioridad al dinero, en fin tantas cosas que han ido desvirtuando la familia. Yo no estoy de acuerdo con la ordenación de mujeres. Busqué algunos documentos donde el papa Juan Pablo II explica muy bien las razones por la cuales no se hace,y los pongo a continuación.

El Señor nos pide humildad, caridad, disposición de servicio, obediencia, porque donde hay obediencia está Dios.


CATEQUESIS JUAN PABLO II
27 DE JULIO DE 1994
LA MATERNIDAD EN EL ÁMBITO DEL SACERDOCIO UNIVERSAL DE LA IGLESIA
1. La mujer participa en el sacerdocio común de los fieles (cf. Lumen gentium, 10) de muchas formas, pero especialmente con su maternidad: no sólo con la maternidad espiritual, sino también con la que muchas mujeres eligen como su función natural propia, con vistas a la concepción, la generación y la educación de sus hijos: Dar al mundo un hombre.
Es una tarea que, en el ámbito de la Iglesia, incluye una elevada vocación y se transforma en una misión, con la inserción de la mujer en el sacerdocio común de los fieles.
2. En tiempos bastante recientes ha venido afirmándose, también en el ámbito católico, la reivindicación del sacerdocio ministerial por parte de algunas mujeres. Es una reivindicación que, en realidad, se basa en un supuesto insostenible, pues el ministerio sacerdotal no es una función a la que se tenga acceso sobre la base de criterios sociológicos o de procedimientos jurídicos, sino sólo por obediencia a la voluntad de Cristo. Ahora bien, Jesús confió sólo a varones la tarea del sacerdocio ministerial. Aunque invitó a algunas mujeres a que lo siguieran, pidiéndoles que cooperaran con él, no llamó o admitió a ninguna de ellas a formar parte del grupo al que confiaría el sacerdocio ministerial en la Iglesia. Su voluntad queda manifiesta en el conjunto de su comportamiento, al igual que en algunos gestos significativos, que la tradición cristiana ha interpretado constantemente como indicaciones que hay que seguir.
3. En efecto, los evangelios muestran que Jesús no envió jamás a las mujeres en misiones de predicación, como hizo con el grupo de los Doce, que eran todos varones (cf. Lc 9, 1-6), y también con los 72, entre los que no se menciona la presencia de ninguna mujer (cf. Lc 10, 1-20).
Sólo a los Doce Jesús da la autoridad sobre el reino: "Dispongo un reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí" (Lc 22, 29). Sólo a los Doce confiere la misión y el poder de celebrar la eucaristía en su nombre (cf. Lc 22, 19): esencia del sacerdocio ministerial. Sólo a los Apóstoles, después de su resurrección, da el poder de perdonar los pecados (cf. Jn 20, 22-23) y de emprender la obra de evangelización universal (cf. Mt 28, 18-20; Mc 16, 16-18).
Los Apóstoles y los otros responsables de las primeras comunidades cumplieron la voluntad de Cristo, comenzando la tradición cristiana que, desde entonces, ha estado siempre vigente en la Iglesia. He sentido el deber de reafirmar esta tradición con la reciente carta apostólica Ordinatio sacerdotalis (22 de mayo de 1994), declarando que "la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia" (n. 4). Aquí está en juego la fidelidad al ministerio pastoral, tal como fue instituido por Cristo. Es lo que afirmaba ya Pío XII, que, al declarar que "ningún poder compete a la Iglesia sobre la sustancia de los sacramentos, es decir, sobre aquellas cosas que, conforme al testimonio de las fuentes de la revelación, Cristo Señor estatuyó debían ser observadas en el signo sacramental", concluía que la Iglesia debe aceptar como normativa "su práctica de conferir sólo a varones la ordenación sacerdotal" (cf. AAS 40 [1948], p. 5).
4. No se puede poner en tela de juicio el valor permanente y normativo de esta práctica diciendo que la voluntad manifestada por Cristo se debía a la mentalidad vigente en su época y a los prejuicios difundidos entonces, como también después, en detrimento de la mujer. En realidad, Jesús, no se amoldó nunca a una mentalidad desfavorable para la mujer; al contrario, reaccionó contra la desigualdad debida a la diferencia de los sexos: al llamar a mujeres para que lo siguieran, demostró que superaba las costumbres y la mentalidad de su ambiente. Si reservaba el sacerdocio ministerial para los varones, lo hacía con toda libertad, y en sus disposiciones y opciones no había ninguna actitud desfavorable con respecto a las mujeres.
5. Si tratamos de comprender el motivo por el que Cristo reservó para los varones la posibilidad de tener acceso al ministerio sacerdotal, podemos descubrirlo en el hecho de que el sacerdote representa a Cristo mismo en su relación con la Iglesia. Ahora bien, esta relación es de tipo nupcial: Cristo es el esposo (cf. Mt 9, 15; Jn 3, 29; 2 Col 11, 2; Ef 5, 25), y la Iglesia es la esposa (cf. 2 Co 11, 2; Ef 5, 25-27. 31-32; Ap 19, 7; 21, 9). Así pues, para que la relación entre Cristo y la Iglesia se exprese válidamente en el orden sacramental, es indispensable que Cristo esté representado por un varón. La distinción de los sexos es muy significativa en este caso, y desconocerla equivaldría a menoscabar el sacramento. En efecto, el carácter específico del signo que se utiliza es esencial en los sacramentos. El bautismo se debe realizar con el agua que lava; no se puede realizar con aceite, que unge, aunque el aceite sea más costoso que el agua. Del mismo modo, el sacramento del orden se celebra con los varones, sin que esto cuestione el valor de las personas. De esta forma, se puede comprender la doctrina conciliar, según la cual los presbíteros, ordenados "de suerte que puedan obrar como en persona de Cristo cabeza de la Iglesia", (Presbyterorum ordinis, 2), "ejercen el oficio de Cristo, cabeza y pastor, según su parte de autoridad" (Presbyterorum ordinis, 6).
También en la carta apostólica Mulieris dignitatem se explica el porqué de la elección de Cristo, conservada fielmente por la Iglesia católica en sus leyes y en su disciplina (cf. nn. 26-27).
6. Por lo demás, conviene notar que la verdadera promoción de la mujer consiste en promoverla en lo que le es propio y le conviene en su condición de mujer, es decir, de criatura diferente del varón, llamada a ser también ella, lo mismo que el varón, modelo de personalidad humana. Ésta es la emancipación correspondiente a las indicaciones y a las disposiciones de Jesús, que quiso atribuir a la mujer una misión propia, según su diversidad natural respecto al varón.
En el cumplimiento de esta misión se abre el camino para el desarrollo de una personalidad de mujer que puede ofrecer a la humanidad y, en particular a la Iglesia, un servicio según sus cualidades.
7. Por consiguiente, podemos concluir afirmando que Jesús, al no atribuir el sacerdocio ministerial a la mujer, no la puso en situación de inferioridad, no la privó de un derecho que le correspondería y no violó la igualdad de la mujer con el varón, sino que, por el contrario, reconoció y respetó su dignidad. Cuando instituyó el ministerio sacerdotal para varones, no quiso conferirles una superioridad sino llamarlos a un servicio humilde, según el servicio cuyo modelo fue el Hijo del hombre (cf. Mc 10, 45; Mt 20, 28). Destinando a la mujer para una misión que correspondiera a su personalidad, elevó su dignidad y reafirmó su derecho a una originalidad propia también en la Iglesia.
8. El ejemplo de María, madre de Jesús, completa la demostración del respeto a la dignidad de la mujer en la misión que se le confía en la Iglesia.
María no fue llamada al sacerdocio ministerial. Sin embargo, la misión que recibió no tenía menos valor que un ministerio pastoral; al contrario, era muy superior. Recibió una misión materna en grado excelso: ser madre de Jesucristo y, por tanto, Theotókos, Madre de Dios. Misión que se dilatará en su maternidad con respecto a todos los hombres en el orden de la gracia.
Lo mismo puede decirse de la misión de maternidad que muchas mujeres realizan en la Iglesia (cf. Mulieris dignitatem, 47). Cristo las sitúa a la luz admirable de María, que resplandece en la cúspide de la Iglesia y de la creación.


lunes, 21 de mayo de 2012

La verdadera Paz está en Dios


BIENAVENTURADOS LOS QUE CONSTRUYEN LA PAZ, PORQUE ELLOS SERÁN LLAMADOS HIJOS DE DIOS. (Mt 5, 9).


Sólo de Mí pueden esperar verdadera y duradera paz, quiero hacerles comprender la inestabilidad de las cosas humanas y de las criaturas, para hacerlos comprender que sólo Dios es el Ser estable de quien pueden esperar todo bien y que si quieren justicia y paz, deben venir a la fuente de la verdadera justicia y de la verdadera paz.
La paz es la primavera del alma, todas las virtudes nacen, crecen y sonríen, como las plantas y las flores, a los rayos del sol primaveral, que disponen a toda la naturaleza a producir su fruto. Si no fuera por la primavera, que con su sonrisa encantadora sacude a las plantas del sopor del frío y viste la tierra como de un manto florido, que llama a todos con su dulce encanto para hacerse mirar, la tierra sería horrible y las plantas acabarían secándose. Así que la paz es la sonrisa divina que sacude al alma de todo entumecimiento, que como primavera celestial sacude al alma del frío de las pasiones, de las debilidades, de las ligerezas, etc., y con su sonrisa hace nacer, más que campo florido, todas las flores y hace crecer todas las plantas, entre las cuales el Agricultor Celestial se digna pasear y tomar de ellas los frutos para hacer de ellos su alimento; así que el alma pacífica es mi jardín, en el cual Yo me recreo y me entretengo. 


La paz es luz, y todo lo que el alma piensa, habla y obra, es luz que emite y el enemigo no puede acercarse porque se siente golpeado por esta luz, herido y deslumbrado, y para no quedar ciego está obligado a huir. 

La paz es dominio, no sólo de sí mismo sino también de los demás, así que delante a un alma pacífica quedan, o conquistados, o confundidos y humillados, por esto, o se hacen dominar haciéndose amigos, o se van confundidos no pudiendo sostener la dignidad, la imperturbabilidad, la dulzura de un alma que posee la paz, aun los más perversos sienten la potencia que esa alma contiene. Por eso me glorío tanto en hacerme llamar Dios de la paz, Príncipe de paz, y no hay paz sin Mí, sólo Yo la poseo y la doy a mis hijos como a hijos legítimos, los cuales quedan vinculados como herederos de todos mis bienes.

viernes, 6 de enero de 2012


¡¡Cómo nos ama Dios…!!

"Hija mía, mira con cuánto amor amo a la criatura, ella, antes de salir a la luz del día de este mundo ya estaba en mi seno, y al hacerla salir fuera no la dejé, un rayo de luz que contiene mi Vida, la sigue para suministrarle todo lo que es necesario para desarrollar esta Vida y, ¡con cuánto cuidado la hago crecer! ¡Con cuánto amor la riego! Yo mismo me hago luz, calor, alimento, defensa; y cuando termina sus días en el tiempo, sobre el camino del mismo rayo la retiro en mi seno para hacerla espaciarse en la patria celestial.
 Mi Amor se hace para la criatura más que el sol que formé en el cielo azul, es más, el sol que creé para beneficio de la naturaleza humana no es otra cosa que la sombra de mi verdadero Sol, porque el sol de la atmósfera no forma las plantas, ni les da el agua para que no se sequen, ni da todas las ayudas que son necesarias para que las plantas crezcan bellas y fuertes y los hombres, aun los ciegos, puedan gozar de su luz; hace sólo su oficio de iluminar y calentar y sigue adelante; y si las plantas no son regadas no tiene nada que hacer para comunicarles sus efectos, al contrario, las seca de más. En cambio Yo que soy el verdadero Sol de las almas, no las dejo ni de noche ni de día, Yo mismo formo las almas, les doy el agua de mi Gracia para no dejarlas secar, las nutro con la luz de mis verdades, las fortifico con mis ejemplos, les doy el viento de mis caricias para purificarlas, el rocío de mis carismas para embellecerlas, las flechas de mi Amor para calentarlas, en suma, no hay cosa que no haga por ellas.  Yo soy todo para ellas y pongo a disposición de cada una toda mi Vida para su bien.
Pero cuánta ingratitud de parte de las criaturas, parece que están unidas como sarmientos a mi vid, no por amor sino por fuerza, porque no pueden prescindir de Mí y por eso crecen como sarmientos que no recibiendo todos los humores buenos que contiene la vid, crecen débiles, sin formar jamás uvas maduras, sino acerbas, que amargan mi gusto divino. ¡Ah! si todos supieran cómo amo sus almas, todos quedarían arrebatados por el atractivo y la fuerza de mi Amor y me amarían de más, por eso ámame tú y tu amor se agrande tanto que puedas amarme por todos." 
Escritos de Luisa Piccarreta,  Volumen XVII, 17 octubre 1924

Diálogo con la Santísima Virgen sobre la felicidad

"Dulcísima Mamá mía, he perdido el camino para encontrar a Jesús, no sé más a donde ir ni qué hacer para encontrarlo de nuevo." Y mientras esto decía lloraba, y Ella me ha dicho:

"Hija mía, ven junto a Mí y encontrarás el camino a Jesús, es más, quiero enseñarte el secreto para poder estar siempre con Jesús y para vivir siempre contenta y feliz aun sobre esta tierra, y éste es, tener fijo en tu interior que sólo Jesús y tú están en el mundo, y nadie más, y sólo a Él debes agradar, complacer y amar, y sólo de Él debes esperar ser amada y contentada en todo. Estando en este modo tú y Jesús, no te hará más impresión si estarás circundada de desprecios o alabanzas, de parientes o extraños, de amigos o enemigos, sólo Jesús será todo tu contento y sólo Jesús te bastará por todos. Hija mía, hasta en tanto que todo lo que existe acá abajo no desaparezca del todo del alma, no se puede encontrar verdadero y perpetuo contento."

Escritos de Luisa Piccarreta, Volumen IV, 21 agosto de 1901

miércoles, 5 de octubre de 2011

Para reflexionar (de San Agustín)

"Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros".

"No entones las alabanzas divinas solo con la voz, acompaña también la voz con las obras. Si cantas solo con la voz, por fuerza tendrás al fin que callar; canta con la vida para no callar jamás."

"Hermanos y hermanas, tened firmemente fe en lo que creéis: que Cristo volverá. ¿Que importa cuando? Preparaos para su venida. Vivid como si viniera hoy y no tendréis miedo de su venida"

martes, 1 de marzo de 2011

Naturaleza, Dios y el hombre (de los escritos de la sierva de Dios, Luisa Piccarreta)


Todo lo creado habla del amor que Dios nos entrega y todo lo creado enseña la manera como debemos amarlo, comenzando por el ser mas grande hasta la más pequeña florecilla del campo….
Mira- dice al hombre la florecilla – con mi suave fragancia y con estarme siempre de cara al cielo, trato de enviar un homenaje al Creador; también tú, haz que todas tus acciones sean fragantes, santas, puras; no hagas que con el mal olor de tus acciones se ofenda al Creador. ¡Ay, oh, hombre – nos repite la florecilla - , no seas tan insensato que tengas la mirada fija en la tierra sino levántala al Cielo! Mira, allá arriba está tu destino, tu patria, allá está mi Creador y el Tuyo que te espera.
El agua que continuamente fluye bajo nuestra mirada nos dice también: “ Mira, he salido de las tinieblas y debo fluir y correr tanto hasta que llegue a sepultarme en el sitio de donde salí. También tú, ¡oh, hombre!, corre, pero corre en el seno de Dios de donde saliste. ¡Ah, te ruego, no recorras caminos torcidos, sendas que llevan al precipicio!, de lo contrario ¡ay de ti…!

También las bestias más selváticas nos repiten: ¡Mira, oh hombre!, ¿cómo debes ser selvático para todo lo que no es Dios? Cuando vemos que alguien se aproxima a nosotros, con nuestros rugidos causamos tanto miedo que nadie se atreve a acercarse más y turbar nuestra soledad. También tú, cuando el hedor de las cosas terrenas, o sea tus pasiones violentas están por ensuciarte y hacerte caer en el precipicio de las culpas, con los rugidos de tu oración y apartándote de las ocasiones en que te encuentras quedarás salvo de todo peligro…

Así, de todos los otros seres y decirlo de cada uno sería demasiado largo. Resuena su voz unánime que nos repite: ¡Mira, oh hombre!, por amor tuyo nos ha creado nuestro Creador y todos estamos a tu servicio y tú, ¡no seas tan ingrato…! ¡Ama!, te suplicamos, ¡ama!, te repetimos, ¡ama a nuestro Creador!