lunes, 10 de diciembre de 2012
lunes, 21 de mayo de 2012
La verdadera Paz está en Dios
La paz es la primavera del alma, todas las virtudes nacen, crecen y sonríen, como las plantas y las flores, a los rayos del sol primaveral, que disponen a toda la naturaleza a producir su fruto. Si no fuera por la primavera, que con su sonrisa encantadora sacude a las plantas del sopor del frío y viste la tierra como de un manto florido, que llama a todos con su dulce encanto para hacerse mirar, la tierra sería horrible y las plantas acabarían secándose. Así que la paz es la sonrisa divina que sacude al alma de todo entumecimiento, que como primavera celestial sacude al alma del frío de las pasiones, de las debilidades, de las ligerezas, etc., y con su sonrisa hace nacer, más que campo florido, todas las flores y hace crecer todas las plantas, entre las cuales el Agricultor Celestial se digna pasear y tomar de ellas los frutos para hacer de ellos su alimento; así que el alma pacífica es mi jardín, en el cual Yo me recreo y me entretengo.
viernes, 6 de enero de 2012
Diálogo con la Santísima Virgen sobre la felicidad
"Dulcísima Mamá mía, he perdido el camino para encontrar a Jesús, no sé más a donde ir ni qué hacer para encontrarlo de nuevo." Y mientras esto decía lloraba, y Ella me ha dicho:
"Hija mía, ven junto a Mí y encontrarás el camino a Jesús, es más, quiero enseñarte el secreto para poder estar siempre con Jesús y para vivir siempre contenta y feliz aun sobre esta tierra, y éste es, tener fijo en tu interior que sólo Jesús y tú están en el mundo, y nadie más, y sólo a Él debes agradar, complacer y amar, y sólo de Él debes esperar ser amada y contentada en todo. Estando en este modo tú y Jesús, no te hará más impresión si estarás circundada de desprecios o alabanzas, de parientes o extraños, de amigos o enemigos, sólo Jesús será todo tu contento y sólo Jesús te bastará por todos. Hija mía, hasta en tanto que todo lo que existe acá abajo no desaparezca del todo del alma, no se puede encontrar verdadero y perpetuo contento."
Escritos de Luisa Piccarreta, Volumen IV, 21 agosto de 1901
miércoles, 5 de octubre de 2011
Para reflexionar (de San Agustín)
"No entones las alabanzas divinas solo con la voz, acompaña también la voz con las obras. Si cantas solo con la voz, por fuerza tendrás al fin que callar; canta con la vida para no callar jamás."
"Hermanos y hermanas, tened firmemente fe en lo que creéis: que Cristo volverá. ¿Que importa cuando? Preparaos para su venida. Vivid como si viniera hoy y no tendréis miedo de su venida"
martes, 1 de marzo de 2011
Naturaleza, Dios y el hombre (de los escritos de la sierva de Dios, Luisa Piccarreta)
Mira- dice al hombre la florecilla – con mi suave fragancia y con estarme siempre de cara al cielo, trato de enviar un homenaje al Creador; también tú, haz que todas tus acciones sean fragantes, santas, puras; no hagas que con el mal olor de tus acciones se ofenda al Creador. ¡Ay, oh, hombre – nos repite la florecilla - , no seas tan insensato que tengas la mirada fija en la tierra sino levántala al Cielo! Mira, allá arriba está tu destino, tu patria, allá está mi Creador y el Tuyo que te espera.
El agua que continuamente fluye bajo nuestra mirada nos dice también: “ Mira, he salido de las tinieblas y debo fluir y correr tanto hasta que llegue a sepultarme en el sitio de donde salí. También tú, ¡oh, hombre!, corre, pero corre en el seno de Dios de donde saliste. ¡Ah, te ruego, no recorras caminos torcidos, sendas que llevan al precipicio!, de lo contrario ¡ay de ti…!
También las bestias más selváticas nos repiten: ¡Mira, oh hombre!, ¿cómo debes ser selvático para todo lo que no es Dios? Cuando vemos que alguien se aproxima a nosotros, con nuestros rugidos causamos tanto miedo que nadie se atreve a acercarse más y turbar nuestra soledad. También tú, cuando el hedor de las cosas terrenas, o sea tus pasiones violentas están por ensuciarte y hacerte caer en el precipicio de las culpas, con los rugidos de tu oración y apartándote de las ocasiones en que te encuentras quedarás salvo de todo peligro…
Así, de todos los otros seres y decirlo de cada uno sería demasiado largo. Resuena su voz unánime que nos repite: ¡Mira, oh hombre!, por amor tuyo nos ha creado nuestro Creador y todos estamos a tu servicio y tú, ¡no seas tan ingrato…! ¡Ama!, te suplicamos, ¡ama!, te repetimos, ¡ama a nuestro Creador!
