viernes, 3 de enero de 2014



"Hija mía, nuestro Amor se apasionó tanto en el acto en que creamos al hombre, que no hicimos otra cosa que reflejar sobre él, a fin de que fuese obra digna de nuestras manos creadoras, y conforme nuestros reflejos llovían sobre él, así en el hombre le venía infundida la inteligencia, la vista, el oído, la palabra, el latido en el corazón, el movimiento a las manos, el paso a los píes. Nuestro Ser Divino es purísimo espíritu, y por eso no teníamos sentidos, en el conjunto de todo nuestro Ser Divino somos Luz purísima e inaccesible, esta Luz es ojo, es oído, es palabra, es obra, es paso. Esta Luz hace todo, mira todo, siente todo, escucha todo, se encuentra por todas partes, ninguno puede huir del imperio de nuestra Luz. Por eso, mientras creamos al hombre fue tanto nuestro Amor, que nuestra Luz llevando nuestros reflejos sobre de él lo formaba, y formándolo le llevaba los efectos de los reflejos de Dios. Ve entonces hija mía con cuánto amor fue creado el hombre, hasta llegar a deshacerse nuestro Ser Divino en reflejos sobre él para comunicarle nuestra imagen y semejanza, ¿se podía dar Amor más grande? No obstante se sirve de nuestros reflejos para ofendernos, mientras que se debía servir de estos nuestros reflejos para venir a Nosotros, y con estos reflejos dados por Nosotros decirnos: Cuán bello me creó tu Amor, y yo por correspondencia te amo, te amaré siempre, y quiero vivir en la Luz de tu Divina Voluntad."   Jesús a Luisa Piccarreta, volúmen 28

sábado, 16 de febrero de 2013

Qué nos dice Jesús, en los escritos acerca del Don de la Divina Voluntad: 

Nos confirma en el bien 
“Es un don que hacemos a la criatura, don grande que supera en valor, santidad en belleza y en felicidad todos los otros dones en modo infinito e inenarrable. Cuando hacemos este don tan grande, no hacemos otra cosa que abrir las puertas para hacerla poseedora de nuestras posesiones divinas, lugar donde no tienen más vida las pasiones, los peligros, ni ningún enemigo la puede dañar o hacerle algún mal; este don confirma a la criatura en el bien, en el Amor, en la misma vida de su Creador, y el Creador queda confirmado en la criatura, por tanto se da la inseparabilidad entre uno y el otro. Con este don la criatura sentirá cambiada su suerte: de pobre en rica, de enferma en perfectamente curada, de infeliz sentirá que todas las cosas se cambian en ella en felicidad”.  (Volumen XXIX, Septiembre 29, 1931)
Requiere nuestra disposición y buen uso de él. 
“Es un don, y es el poseer el don más grande, pero este don que contiene  valor infinito, que es moneda que brota a cada instante, que es luz que nunca se apaga, que es sol que jamás tiene ocaso, que pone al alma en su lugar establecido por Dios en el orden divino y por lo tanto toma su lugar de honor y de soberanía en la Creación, no se da sino a quien está dispuesto, a quien no debe hacer despilfarro, a quien debe estimarlo tanto y amarlo más que la propia vida, es más, debe estar pronto a sacrificar la propia vida para hacer que este don de mi Querer tenga la supremacía sobre todo y sea tenido en cuenta más que la propia vida”.  (Volumen XVIII, diciembre 25, 1925)
Pone a nuestra disposición toda clase de bienes para toda la vida, a pesar de haberlo rechazado ya una vez. 
"Hija mía, mi Ser Supremo posee el perfecto equilibrio, también en el dar a las criaturas mis gracias, mis dones, y mucho más con este reino del Fiat Supremo, que es el don más grande, don que Yo ya había dado en el principio de la Creación y que el hombre con tanta ingratitud me rechazó. ¿Te parece poco poner a disposición suya una Voluntad Divina con todos los bienes que Ella contiene, y no por una hora o por un día sino por toda la vida? ¿Te parece poco que el Creador ponga en la criatura su Voluntad adorable para poder poner en común su semejanza, su Belleza, sus mares infinitos de riqueza, de gozos, de felicidad sin fin? Y sólo con poseer nuestra Voluntad la criatura podía adquirir los derechos de comunidad, de semejanza y de todos los bienes de su Creador, sin Ella no puede haber derecho de comunidad con Nosotros, y si alguna cosa toma, son apenas nuestros pequeños reflejos y las migajas de nuestros interminables bienes. (Volumen XIX, septiembre 13, 1926)

Dios será la causa primaria de todos nuestros actos, sentiremos quien
es Aquel que nos da la vida.
"Por eso nuestro Ser Supremo se encontraba y se encuentra todavía ahora en la condición de necesidad de amarlo, porque el hom be es aún hoy aquel creado por Nosotros, su aliento lo sentimos en el nuestro, su palabra es el eco de nuestro Fiat, no hemos retirado todos nuestros dones, somos el Ser inmutable y no estamos sujetos a cambiar. Lo amamos y lo seguimos amando y es tanto este nuestro Amor que Nosotros mismos nos ponemos en la condición de amarlo. He aquí por qué nuestras tantas estratagemas de amor y el úlrimo asalto que queremos darle, es el gran don de nuestro Fíat, a fin de que lo haga reinar en su alma porque sin nuestro Querer el hombre siente los efectos de su vida, pero no descubre la causa y por eso  no pone atención en amarnos, en cambio nuestra Divina Voluntad hará sentir quién es Aquel que le da la vida y entonces también él sentirá la necesidad de amar a Aquel que es causa primario de todos sus actos y que tanto la ama"  (Volumen 28, abril 23)
Podemos decir que a todos Dios nos ha llenado de dones, a unos más y a otros menos, hay quienes los reconocen como venidos de Dios y otros que creen haberlos adquirido por sus propias fuerzas. Pero aunque a estos no les guste reconocer que han venido de Dios,  todo tiene como fuente a Dios Creador,  Hijo y Espíritu Santo.
Estamos viviendo un tiempo de mucha gracia, Dios nos está dando a conocer este inmenso don que quiere dar a la humanidad. Y nosotros hemos sido llamados a conocerlo, a hacerlo nuestro y a difundirlo. Si Jesús a través de Luisa nos está mostrando esto, es palabra de Dios, por lo tanto es verdadero y milagroso, es decir el milagro más grande. En uno de los volúmenes Jesús le dice a Luisa que cada conocimiento relacionado con su Divina Voluntad es un reclamo, es una voz que emite, es un grito para despertarnos de sueño del querer humano.
Si acogemos, este Don,  llegaremos a amar verdaderamente a nuestros familiares, amigos, cercanos y conocidos, en resumen a todos, pero no con nuestro pequeño y pobre amor, sino con el mismo amor de Dios que El derramará en nosotros.  Este párrafo de Santa Teresita del Niño Jesús nos aclara lo anterior: ““Yo sé, Señor, que tú no mandas nada imposible. Tú conoces mejor que yo mi debilidad, mi imperfección. Tú sabes bien que yo nunca podría amar a mis hermanas como tú las amas, si tú mismo, Jesús mío, no las amaras también en mí. Y porque querías concederme esta gracia, por eso diste un mandamiento nuevo...  ¡Y cómo amo este mandamiento, pues me da la certeza de que tu voluntad es amar tú en mí a todos los que me mandas amar...! ” (Historia de un alma, manuscrito C, cap. X)

¿Estamos dispuestos a recibirlo, acogerlo, a tenerlo en cuenta más que nuestra propia vida? ¿Entendemos verdaderamente lo que significa este don?

Nos dice Jesús en los escritos:
Es la suerte más feliz e indescriptible, sus actos, su punto de partida son siempre para el cielo, su vida está en medio de las esferas.
El alma siente que nuestro Querer la llama, ya sea en la Potencia, en la Sabiduría, en nuestro Amor, o en la Misericordia, en la Justicia, Bondad y Belleza divinas, en suma todos nuestros atributos con voces potentes llaman a la criatura dentro de ellos para que se forme y crezca según sus cualidades.
El alma sentirá la vida de la Luz, del Amor, la vida de la acción divina, la vida de la plegaria, lo que hace, para ella todo es vida palpitante en sus actos. Su pequeño movimiento, pensamiento, sus obras quedan imantadas por un imán tan potente, de imantar a su Creador, de modo que este imán Lo atrae tanto que no puede alejarse de la criatura.
El alma se vuelve reflector de su Creador y de todas nuestras obras, porque nuestra Voluntad solo triunfa completamente cuando pone en el alma lo que Ella puede y sabe hacer, quiere ver no sólo a Aquel que la ha creado, sino a todas sus obras, no está contenta si le falta aun la más mínima cosa que le pertenezca.
Si habla, no sabe decir otra cosa que lo que se hace y se quiere en nuestra Familia Celestial.
El alma entra en el orden divino, se vuelve propietaria de sus obras, y con derecho puede dar y pedir para los demás lo que es suyo y como vive en El, sus derechos son divinos y con derecho divino, no humano, pide.
Todo lo que el alma hace queda dentro de Nosotros, y tendrá el bien de sentir en sí la plenitud de la Luz, de la felicidad y de todos los bienes.
El alma tendrá por principio mi Vida, por dote mis obras y pasos, por palabra mi misma Voluntad.   Siente tal alegría y contento porque me ama, no más con su pequeño amor, sino con mi eterno Amor, me abraza con mis obras, corre a mi lado con mis pasos, siente que su vida soy Yo, todo encuentra en Mí y Yo encuentro todo en ella.
Acoger el Don de la Divina Voluntad, es poseer a Dios mismo, no haríamos mal alguno porque se hace vida de nuestro interior, que es el centro de donde brotan los actos externos.
Conclusión
En la medida del conocimiento de este Don, podremos ir traspasando las apariencias de manera que si miramos un atardecer, no solo lo miraremos como un acto natural, rutinario, sino que lo miraremos con los ojos de Jesús.  Descubriremos el orden de la creación, la inmensidad del Creador, la belleza del espectáculo como imagen del Creador. Nos iremos sanando de la lepra que ha producido la voluntad humana y podremos ver los bienes del Reino de la Divina Voluntad que antes no podíamos ver.
Al disponernos a recibir este Don,  nos pide Dios, que nos dejemos iluminar por la luz que nos da con cada conocimiento, que tendrá el poder de eclipsar nuestra voluntad humana, la cual viendo el gran bien de esta Luz, sentirá miedo de actuar por sí misma y dará campo libre para obrar a la Luz del Querer Divino.
Cuánta atención necesitamos para poner en práctica todo lo anterior..!! Para esto necesitamos ser dóciles, escuchar a quien nos guía y con pequeños actos, obras, oraciones, decidirnos a vivirlos en la Divina Voluntad. No desechar inspiraciones, poner el oído atento, buscar la gloria de Dios y el bien para los que nos rodean.
Gracias Señor por habernos escogido para conocer estos escritos.  Queremos vivir en tu Voluntad, recibir este Don, apreciarlo y vivirlo. ¡Contigo podremos!

lunes, 10 de diciembre de 2012



 ¿¿ORDENACIÓN DE MUJERES???



Creo que el papel de la mujer en la sociedad ha cambiado desfavorablemente... Somos distintos, hechos distintos, pensamos distinto, nos desempeñamos distinto, pero actualmente quieren ponernos a todos en una misma línea, escudándose en los derechos iguales que ambos, mujer y hombre deberíamos tener, que la diferencia física no tiene que ver con el "género" que se quiera escoger. Con estos "avances", se ha llevado al mundo a un caos. Hijos en soledad, competencia entre hombre y mujer, sentido perdido de la maternidad, prioridad al dinero, en fin tantas cosas que han ido desvirtuando la familia. Yo no estoy de acuerdo con la ordenación de mujeres. Busqué algunos documentos donde el papa Juan Pablo II explica muy bien las razones por la cuales no se hace,y los pongo a continuación.

El Señor nos pide humildad, caridad, disposición de servicio, obediencia, porque donde hay obediencia está Dios.


CATEQUESIS JUAN PABLO II
27 DE JULIO DE 1994
LA MATERNIDAD EN EL ÁMBITO DEL SACERDOCIO UNIVERSAL DE LA IGLESIA
1. La mujer participa en el sacerdocio común de los fieles (cf. Lumen gentium, 10) de muchas formas, pero especialmente con su maternidad: no sólo con la maternidad espiritual, sino también con la que muchas mujeres eligen como su función natural propia, con vistas a la concepción, la generación y la educación de sus hijos: Dar al mundo un hombre.
Es una tarea que, en el ámbito de la Iglesia, incluye una elevada vocación y se transforma en una misión, con la inserción de la mujer en el sacerdocio común de los fieles.
2. En tiempos bastante recientes ha venido afirmándose, también en el ámbito católico, la reivindicación del sacerdocio ministerial por parte de algunas mujeres. Es una reivindicación que, en realidad, se basa en un supuesto insostenible, pues el ministerio sacerdotal no es una función a la que se tenga acceso sobre la base de criterios sociológicos o de procedimientos jurídicos, sino sólo por obediencia a la voluntad de Cristo. Ahora bien, Jesús confió sólo a varones la tarea del sacerdocio ministerial. Aunque invitó a algunas mujeres a que lo siguieran, pidiéndoles que cooperaran con él, no llamó o admitió a ninguna de ellas a formar parte del grupo al que confiaría el sacerdocio ministerial en la Iglesia. Su voluntad queda manifiesta en el conjunto de su comportamiento, al igual que en algunos gestos significativos, que la tradición cristiana ha interpretado constantemente como indicaciones que hay que seguir.
3. En efecto, los evangelios muestran que Jesús no envió jamás a las mujeres en misiones de predicación, como hizo con el grupo de los Doce, que eran todos varones (cf. Lc 9, 1-6), y también con los 72, entre los que no se menciona la presencia de ninguna mujer (cf. Lc 10, 1-20).
Sólo a los Doce Jesús da la autoridad sobre el reino: "Dispongo un reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí" (Lc 22, 29). Sólo a los Doce confiere la misión y el poder de celebrar la eucaristía en su nombre (cf. Lc 22, 19): esencia del sacerdocio ministerial. Sólo a los Apóstoles, después de su resurrección, da el poder de perdonar los pecados (cf. Jn 20, 22-23) y de emprender la obra de evangelización universal (cf. Mt 28, 18-20; Mc 16, 16-18).
Los Apóstoles y los otros responsables de las primeras comunidades cumplieron la voluntad de Cristo, comenzando la tradición cristiana que, desde entonces, ha estado siempre vigente en la Iglesia. He sentido el deber de reafirmar esta tradición con la reciente carta apostólica Ordinatio sacerdotalis (22 de mayo de 1994), declarando que "la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia" (n. 4). Aquí está en juego la fidelidad al ministerio pastoral, tal como fue instituido por Cristo. Es lo que afirmaba ya Pío XII, que, al declarar que "ningún poder compete a la Iglesia sobre la sustancia de los sacramentos, es decir, sobre aquellas cosas que, conforme al testimonio de las fuentes de la revelación, Cristo Señor estatuyó debían ser observadas en el signo sacramental", concluía que la Iglesia debe aceptar como normativa "su práctica de conferir sólo a varones la ordenación sacerdotal" (cf. AAS 40 [1948], p. 5).
4. No se puede poner en tela de juicio el valor permanente y normativo de esta práctica diciendo que la voluntad manifestada por Cristo se debía a la mentalidad vigente en su época y a los prejuicios difundidos entonces, como también después, en detrimento de la mujer. En realidad, Jesús, no se amoldó nunca a una mentalidad desfavorable para la mujer; al contrario, reaccionó contra la desigualdad debida a la diferencia de los sexos: al llamar a mujeres para que lo siguieran, demostró que superaba las costumbres y la mentalidad de su ambiente. Si reservaba el sacerdocio ministerial para los varones, lo hacía con toda libertad, y en sus disposiciones y opciones no había ninguna actitud desfavorable con respecto a las mujeres.
5. Si tratamos de comprender el motivo por el que Cristo reservó para los varones la posibilidad de tener acceso al ministerio sacerdotal, podemos descubrirlo en el hecho de que el sacerdote representa a Cristo mismo en su relación con la Iglesia. Ahora bien, esta relación es de tipo nupcial: Cristo es el esposo (cf. Mt 9, 15; Jn 3, 29; 2 Col 11, 2; Ef 5, 25), y la Iglesia es la esposa (cf. 2 Co 11, 2; Ef 5, 25-27. 31-32; Ap 19, 7; 21, 9). Así pues, para que la relación entre Cristo y la Iglesia se exprese válidamente en el orden sacramental, es indispensable que Cristo esté representado por un varón. La distinción de los sexos es muy significativa en este caso, y desconocerla equivaldría a menoscabar el sacramento. En efecto, el carácter específico del signo que se utiliza es esencial en los sacramentos. El bautismo se debe realizar con el agua que lava; no se puede realizar con aceite, que unge, aunque el aceite sea más costoso que el agua. Del mismo modo, el sacramento del orden se celebra con los varones, sin que esto cuestione el valor de las personas. De esta forma, se puede comprender la doctrina conciliar, según la cual los presbíteros, ordenados "de suerte que puedan obrar como en persona de Cristo cabeza de la Iglesia", (Presbyterorum ordinis, 2), "ejercen el oficio de Cristo, cabeza y pastor, según su parte de autoridad" (Presbyterorum ordinis, 6).
También en la carta apostólica Mulieris dignitatem se explica el porqué de la elección de Cristo, conservada fielmente por la Iglesia católica en sus leyes y en su disciplina (cf. nn. 26-27).
6. Por lo demás, conviene notar que la verdadera promoción de la mujer consiste en promoverla en lo que le es propio y le conviene en su condición de mujer, es decir, de criatura diferente del varón, llamada a ser también ella, lo mismo que el varón, modelo de personalidad humana. Ésta es la emancipación correspondiente a las indicaciones y a las disposiciones de Jesús, que quiso atribuir a la mujer una misión propia, según su diversidad natural respecto al varón.
En el cumplimiento de esta misión se abre el camino para el desarrollo de una personalidad de mujer que puede ofrecer a la humanidad y, en particular a la Iglesia, un servicio según sus cualidades.
7. Por consiguiente, podemos concluir afirmando que Jesús, al no atribuir el sacerdocio ministerial a la mujer, no la puso en situación de inferioridad, no la privó de un derecho que le correspondería y no violó la igualdad de la mujer con el varón, sino que, por el contrario, reconoció y respetó su dignidad. Cuando instituyó el ministerio sacerdotal para varones, no quiso conferirles una superioridad sino llamarlos a un servicio humilde, según el servicio cuyo modelo fue el Hijo del hombre (cf. Mc 10, 45; Mt 20, 28). Destinando a la mujer para una misión que correspondiera a su personalidad, elevó su dignidad y reafirmó su derecho a una originalidad propia también en la Iglesia.
8. El ejemplo de María, madre de Jesús, completa la demostración del respeto a la dignidad de la mujer en la misión que se le confía en la Iglesia.
María no fue llamada al sacerdocio ministerial. Sin embargo, la misión que recibió no tenía menos valor que un ministerio pastoral; al contrario, era muy superior. Recibió una misión materna en grado excelso: ser madre de Jesucristo y, por tanto, Theotókos, Madre de Dios. Misión que se dilatará en su maternidad con respecto a todos los hombres en el orden de la gracia.
Lo mismo puede decirse de la misión de maternidad que muchas mujeres realizan en la Iglesia (cf. Mulieris dignitatem, 47). Cristo las sitúa a la luz admirable de María, que resplandece en la cúspide de la Iglesia y de la creación.


lunes, 21 de mayo de 2012

La verdadera Paz está en Dios


BIENAVENTURADOS LOS QUE CONSTRUYEN LA PAZ, PORQUE ELLOS SERÁN LLAMADOS HIJOS DE DIOS. (Mt 5, 9).


Sólo de Mí pueden esperar verdadera y duradera paz, quiero hacerles comprender la inestabilidad de las cosas humanas y de las criaturas, para hacerlos comprender que sólo Dios es el Ser estable de quien pueden esperar todo bien y que si quieren justicia y paz, deben venir a la fuente de la verdadera justicia y de la verdadera paz.
La paz es la primavera del alma, todas las virtudes nacen, crecen y sonríen, como las plantas y las flores, a los rayos del sol primaveral, que disponen a toda la naturaleza a producir su fruto. Si no fuera por la primavera, que con su sonrisa encantadora sacude a las plantas del sopor del frío y viste la tierra como de un manto florido, que llama a todos con su dulce encanto para hacerse mirar, la tierra sería horrible y las plantas acabarían secándose. Así que la paz es la sonrisa divina que sacude al alma de todo entumecimiento, que como primavera celestial sacude al alma del frío de las pasiones, de las debilidades, de las ligerezas, etc., y con su sonrisa hace nacer, más que campo florido, todas las flores y hace crecer todas las plantas, entre las cuales el Agricultor Celestial se digna pasear y tomar de ellas los frutos para hacer de ellos su alimento; así que el alma pacífica es mi jardín, en el cual Yo me recreo y me entretengo. 


La paz es luz, y todo lo que el alma piensa, habla y obra, es luz que emite y el enemigo no puede acercarse porque se siente golpeado por esta luz, herido y deslumbrado, y para no quedar ciego está obligado a huir. 

La paz es dominio, no sólo de sí mismo sino también de los demás, así que delante a un alma pacífica quedan, o conquistados, o confundidos y humillados, por esto, o se hacen dominar haciéndose amigos, o se van confundidos no pudiendo sostener la dignidad, la imperturbabilidad, la dulzura de un alma que posee la paz, aun los más perversos sienten la potencia que esa alma contiene. Por eso me glorío tanto en hacerme llamar Dios de la paz, Príncipe de paz, y no hay paz sin Mí, sólo Yo la poseo y la doy a mis hijos como a hijos legítimos, los cuales quedan vinculados como herederos de todos mis bienes.

viernes, 6 de enero de 2012


¡¡Cómo nos ama Dios…!!

"Hija mía, mira con cuánto amor amo a la criatura, ella, antes de salir a la luz del día de este mundo ya estaba en mi seno, y al hacerla salir fuera no la dejé, un rayo de luz que contiene mi Vida, la sigue para suministrarle todo lo que es necesario para desarrollar esta Vida y, ¡con cuánto cuidado la hago crecer! ¡Con cuánto amor la riego! Yo mismo me hago luz, calor, alimento, defensa; y cuando termina sus días en el tiempo, sobre el camino del mismo rayo la retiro en mi seno para hacerla espaciarse en la patria celestial.
 Mi Amor se hace para la criatura más que el sol que formé en el cielo azul, es más, el sol que creé para beneficio de la naturaleza humana no es otra cosa que la sombra de mi verdadero Sol, porque el sol de la atmósfera no forma las plantas, ni les da el agua para que no se sequen, ni da todas las ayudas que son necesarias para que las plantas crezcan bellas y fuertes y los hombres, aun los ciegos, puedan gozar de su luz; hace sólo su oficio de iluminar y calentar y sigue adelante; y si las plantas no son regadas no tiene nada que hacer para comunicarles sus efectos, al contrario, las seca de más. En cambio Yo que soy el verdadero Sol de las almas, no las dejo ni de noche ni de día, Yo mismo formo las almas, les doy el agua de mi Gracia para no dejarlas secar, las nutro con la luz de mis verdades, las fortifico con mis ejemplos, les doy el viento de mis caricias para purificarlas, el rocío de mis carismas para embellecerlas, las flechas de mi Amor para calentarlas, en suma, no hay cosa que no haga por ellas.  Yo soy todo para ellas y pongo a disposición de cada una toda mi Vida para su bien.
Pero cuánta ingratitud de parte de las criaturas, parece que están unidas como sarmientos a mi vid, no por amor sino por fuerza, porque no pueden prescindir de Mí y por eso crecen como sarmientos que no recibiendo todos los humores buenos que contiene la vid, crecen débiles, sin formar jamás uvas maduras, sino acerbas, que amargan mi gusto divino. ¡Ah! si todos supieran cómo amo sus almas, todos quedarían arrebatados por el atractivo y la fuerza de mi Amor y me amarían de más, por eso ámame tú y tu amor se agrande tanto que puedas amarme por todos." 
Escritos de Luisa Piccarreta,  Volumen XVII, 17 octubre 1924